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El avance de
la soja en la Argentina y la sostenibilidad de los sistemas
agrícolas Documento Institucional del
Consejo del Centro Regional Santa Fe del INTA
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En los últimos años del
siglo pasado y en lo que va del presente se han producido cambios
profundos en el sector agropecuario, promovidos entre otras cosas por el
crecimiento y expansión del cultivo de la soja; durante mucho tiempo la
provincia de Santa Fe, por su naturaleza y tradición agrícola,
especialmente en su porción sur de pampa húmeda, fue la que detentó la
mayor superficie implantada y el mayor volumen de
producción. A pesar de que esa
expansión aún continúa en otras zonas del centro y norte provincial
desplazando a otros cultivos y producciones regionales como el algodón, el
arroz, la caña de azúcar, la invernada bovina y el tambo, la tasa de
incremento de superficie ha disminuido en comparación a otros años, debido
posiblemente a la restricción de tierras con alguna aptitud para la
agricultura. Paralelamente, en otras
provincias vecinas donde esa expansión sojera se inició más tardíamente,
continúan incrementándose las hectáreas sembradas en sustitución de otros
cultivos, tal como ocurrió en Santa Fe, pero también ganando espacio en
áreas boscosas con características de suelos y climas de ambientes
subhúmedos y semiáridos de particular fragilidad
ambiental. Esta significativa
expansión se pudo hacer en gran medida por los avances e innovaciones
tecnológicas, las capacidades de los agricultores, la fuerte y sostenida
demanda del poroto, las inversiones agroindustriales y la mejora real de
su precio relativo –devaluación y precios internacionales-. Ello determinó
un escenario de un gran negocio para el sector y para el
país. No obstante ello, y depende
desde dónde se lo mire, para algunos lo expuesto significa un modelo agro
exportador exitoso, y para otros es un peligro para la sostenibilidad en
lo ambiental y en lo social. Tal vez lo más razonable no sería suprimir
alguna de estas visiones (ambas tienen fortalezas y debilidades) sino mas
bien considerarlas útiles desde un enfoque complementario que permita
diseñar estrategias que las armonicen y puedan ser aprovechadas al
máximo. En tal sentido el Consejo
del Centro Regional Santa Fe del INTA tiene el compromiso para con la
comunidad santafesina de aportar algunas ideas y sugerencias con relación
a conceptos surgidos como productos de talleres y reuniones con dirigentes
y productores agropecuarios, a fin de profundizar y avanzar en acciones
que hagan al desarrollo socio-económico de las regiones, procurando
armonizar las tres dimensiones de la sostenibilidad: la económica,
la ambiental y la social. El proceso de
"sojificación" y los factores que lo
favorecieron El crecimiento de la soja y
sus derivados en la Argentina en los últimos 30 años se ha constituido en
un fenómeno trascendente y fundamental para el país, tanto desde el punto
de vista económico como social. Para la campaña 2002/03, la soja
representó más del 50% del total de los granos producidos, considerando
los cinco cultivos mas difundidos en la pampa húmeda.
La matriz de consumo
interno y de exportación muestra que alrededor del 5% de las harinas y el
10% de los aceites de soja se consumen en el mercado interno, mientras que
en Brasil los porcentajes son del 30 y 70%, respectivamente. La
orientación exportadora llevó al complejo sojero a concentrar el 24% de
las exportaciones durante el primer semestre del año 2003. Este porcentaje
equivale a 3.500 millones de dólares que sirvieron para estabilizar el
mercado cambiario y mejorar los ingresos fiscales del Estado Nacional;
esto anualizado representa una cifra aproximada a los 7.000 millones de
dólares. Lo anterior implica que el
sector agropecuario, especialmente en la pampa húmeda, ha tornado hacia un
modelo de "especialización sojera" , que se expande rápidamente hacia
regiones extrapampeanas, al que muchos definen como el proceso de
"sojificación", y el nuevo paradigma de la agricultura argentina basado en
los materiales transgénicos y la siembra
directa. Múltiples factores han
incidido para que esto ocurra. Como se ha mencionado anteriormente existe
un mercado muy firme para la exportación de soja y sus derivados y sin
signos de saturación al menos en el corto plazo; además, la variación en
el tipo de cambio ha impactado favorablemente sobre la renta de los
sistemas agrícolas. Por otra parte, y no menos importante y anterior a
estos factores mencionados, el desarrollo de técnicas de producción
innovadoras de la soja que facilitaron y eficientizaron el proceso, han
profundizado aún más las "asimetrías tecnológicas" respectos a cultivos
alternativos tales como el maíz, el sorgo y el algodón entre otros.
Estas asimetrías
tecnológicas son las que definen el nivel de "dificultades en la gestión
productiva, logística, comercial y financiera" en una actividad agrícola
determinada; y estos factores son críticos al momento de utilizar
estrategias que permitan a los empresarios apropiarse de beneficios por
bajas en los costos que emergen de la factibilidad de aprovechar el
"efecto escala" y/o el "efecto tamaño" en las empresas. En estas
estrategias el "modelo soja" está demostrando ser imbatible. Hay que
imaginar el diferencial de esfuerzos de gerenciamiento que significa por
ejemplo producir, cosechar, transportar y vender la producción de 1.000 ha
de soja vs. 1.000 ha de otra producción alternativa. Esto ayudaría a
explicar por qué ante situaciones en que los márgenes brutos de otras
producciones puedan ser mayores a los de la soja, y a riesgos productivos
y comerciales similares, los productores rurales –sobre todos aquellos
considerados grandes– deciden sembrar soja. A este contexto se agrega
el efecto de los precios actuales que actúan como un elemento sinergizante
que se refleja también en un desproporcionado aumento del valor de la
tierra. En gran parte por el efecto de la soja la cotización de los campos
alcanzó valores históricos de aumentos de hasta el 50% en un año, mientras
que los campos de invernada y de cría ascendieron en menor medida en su
cotización. Además de los precios
coyunturales unidos al efecto baja de costos provocados por la variación
en el tipo de cambio real a partir de enero de 2002, este proceso también
a coadyuvado a la recuperación de muchos productores al poder cubrir
endeudamientos de vieja data; pero también es cierto reconocer que todavía
existe una amplia franja de pequeños productores que no pueden aprovechar
estas ventajas del mercado por imposibilidades dadas por factores
relacionados a la escala y al tamaño de las empresas, disponibilidad
tecnológica y acceso al capital, corriéndose el riesgo de un deterioro del
capital social que atenta contra el desarrollo socio-económico y el
"tejido local" de las regiones. El proceso no se detiene en
la pampa húmeda; la aplicación de estos "paquetes técnicos" han hecho
posible alcanzar buenas producciones en zonas consideradas marginales o no
tradicionales y
de mayor vulnerabilidad agro ecológica y económica, tales
como el área central de Entre Ríos, Santiago de Estero y otras regiones
especialmente del NEA, con efectos económicos globales altamente positivos
pero difíciles de evaluar en términos de sus costos colaterales ecológicos
y sociales. Efectos de la expansión
sojera Más allá de los aspectos
relacionados a la producción primaria, el crecimiento de la soja ha tenido
efectos positivos sobre las actividades locales y de las PyMes
agroindustriales en particular. Muchas empresas de maquinarias agrícolas
han puesto en marcha planes de inversiones destinados a continuar con la
incorporación de tecnología y mejoramiento y ampliación de sus plantas
para así aumentar sus capacidades productivas. Mientras otras han
incrementado sustancialmente su producción durante el 2003 comparado con
el año anterior. Todo ello con los consiguientes beneficios de creación (o
recuperación) de puestos de trabajo. También es dable aclarar
que no debería confundirse crecimiento económico con desarrollo. En
numerosas comunidades extrapampeanas existe como consecuencia de la
sojificación una gran expansión económica, pero esto se da generalmente en
manos de unos pocos, considerados "grandes" y que sistemáticamente
trasladan los recursos generados hacia fuera de la región donde se
originan; en consecuencia la calidad de vida –indicador clave en el
desarrollo– de los habitantes del lugar no mejora significativamente y las
zonas rurales se siguen despoblando. Las actividades productivas
desplazadas tenían patrones de equidad muy diferente al que actualmente se
ha instalado. La convergencia de
determinados factores como los volúmenes crecientes de la producción, los
recursos fiscales originados en las retenciones, la estabilización del
valor de la divisa, a la par de buenos márgenes de rentabilidad para los
agricultores, hace que la soja haya sido el motor para la recuperación de
amplios sectores industriales y comerciales. Las ventas de maquinaria
agrícola ya han crecido cerca del 80% respecto del año 2002, y las de
vehículos "pick up" representan ahora el 40% del total de operaciones
concretadas por las automotrices" (Longoni,
M.). Los crónicos déficit de red
caminera, electrificación rural, centros educacionales y de salud, entre
otros, coadyuvaron a la disminución del número de explotaciones
agropecuarias. Los Censos Nacionales Agropecuarios muestran que entre los
años 1988 y 2002 en nuestro país desaparecieron 103.405 explotaciones
(24.5 %) y la superficie promedio de las unidades productivas se elevó de
421 a 538 hectáreas. Así se generaron condiciones que facilitaron modelos
productivos en torno del cultivo de la soja. Estos hechos favorecieron
la concentración de la tierra, pues naturalmente se busca ampliar la
escala para reducir los costos. A su vez, la expansión de la frontera
agropecuaria hizo que muchos campesinos con tenencia precaria de la tierra
fueran expulsados. En las zonas lecheras la
expansión de la soja a costa de la superficie dedicada a esa producción
también perjudicó a trabajadores rurales y comercios relacionados con
servicios a la ganadería tambera produciendo caídas en la demanda de mano
de obra especializada. En este sentido es necesario no perder de vista
aspectos importantes como el riesgo al autoabastecimiento
alimentario. La expansión sojera se
logró en parte a partir de la incorporación de nuevas tierras, pero
también por sustitución de otros cultivos y actividades que descendieron
durante las últimas seis campañas. La superficie cultivada de algodón
disminuyó un 83%, la del arroz un 44.5%, la del maíz un 25,5%, la del
girasol un 23.8% y la del trigo un 14.5%. También sufrieron este proceso
las actividades ganaderas de zonas tradicionales de cría e invernada y la
producción tambera. También el cultivo de la
soja avanzó sobre montes nativos, como el bosque chaqueño que se despliega
en las provincias de Chaco, Formosa, Santiago del Estero, el noroeste de
Santa Fe y noreste de Salta arriesgando la estabilidad de los
ecosistemas. El desplazamiento de
algunas producciones supone pérdidas importantes de capital, como en el
caso de los tambos y las desmotadoras de algodón. Las industrias
hilanderas que aún subsisten se ven obligadas a importar fibra de algodón
de países vecinos para funcionar y responder a la rápida reactivación que
el sector hilandero ha vivido en los últimos dieciocho meses; en el fondo
esto presupone importar "salarios". El desequilibrio biológico
y la posibilidad de nuevas plagas, tales como la "roya de la soja", forman
parte de los riesgos de este proceso y de la sostenibilidad de los
sistemas en el largo plazo. Este aspecto también puede hacerse extensivo a
nuevas plagas insectiles y malezas. Por último, desde el punto de vista
comercial, también existen riesgos, por ejemplo la utilización de barreras
para-arancelarias. Consideraciones para el
diseño de políticas tecnológicas y sectoriales para propiciar la
sostenibilidad de los sistemas
agropecuarios. Lo expuesto más arriba
presenta un escenario de grandes oportunidades para el sector agropecuario
y para la sociedad argentina en general, pero también está presente "la
otra cara de la moneda" conformada por riesgos y amenazas que pueden
tornar el balance de este proceso de "sojificación" en resultados
altamente negativos. Es menester señalar que
esto pudo darse a partir de los mercados del producto, pero también de los
avances tecnológicos y de las capacidades de los agricultores en
aprovecharla. Pudo darse a partir de las inversiones en I&D que
realizaron empresas, organizaciones de productores e instituciones de
ciencia y técnica (siembra directa, soja trasgénica, herbicidas, manejo
integrado de plagas, fertilización), que posibilitaron la notable
modernización del sector, y de los avances e inversiones en toda la cadena
de valor soja al poner en funcionamiento una enorme maquinaria de
logística de insumos, de transporte y de plantas
procesadoras. Pero toda modernización
implica riesgos como los enunciados, que no sería justo asignarlos por
"efecto de" sino más bien por "defecto de" las asimetrías en los
desarrollos tecnológicos y sectoriales de otras producciones alternativas.
Digamos que la "modernización" no ha sido armónica en las cuestiones
tecnológicas, pero tampoco se han producido avances en la "concepción
estratégica" de las otras cadenas de valor que existen en nuestro país y
que históricamente fueron y aún son motores del
desarrollo. La cuestión de la
"modernización agrícola" es tratada por Adamoli (1) puntualizando
conceptos como que "la modernización trae problemas, pero la solución no
es volver al pasado"; en este sentido rescata los beneficios de la
agriculturización actual pero señala las inconveniencias del monocultivo
sojero (como así también la de otros en el pasado) respecto de la
sostenibilidad de los ambientes. A su criterio señala algunas cuestiones a
resolver que hacen a la "modernidad", como por ejemplo los contratos de
arrendamientos a corto plazo, la planificación del desarrollo económico y
social a largo plazo para tratar el problema del éxodo de los pequeños
productores y de los trabajadores rurales, y el ordenamiento territorial
para el uso adecuado del recurso suelo. La modernización implica
muchos cambios de paradigmas que deben ser resueltos por el conjunto de
los involucrados en los distintos sectores productivos. No se podrá ser
competitivo en ganadería (por ejemplo) si no se logra una conjunción de
esfuerzos y de "inteligencia" para fijar objetivos y compromisos comunes
entre los distintos actores de la cadena de valor, los productores, los
industriales, el transporte, el estado nacional y provincial, los
proveedores de insumos y servicios, con una clara referencia y orientación
hacia lo que el "cliente" (interno y externo) está dispuesto a
comprar. Pensar en la modernización
no sólo es "ver" lo tecnológico productivo (las semillas, los biocidas, la
maquinaria, los fertilizantes, etc.) sino también la organización del
sector agropecuario y las capacidades gestionarias de sus actores, con
objetivos comunes y logrables. Las innovaciones tecnológicas alcanzan su
madurez y llegan a transformarse en "commodities"; la perfecta
organización entre los agentes económicos de una cadena de valor en pos de
la competitividad que conlleve beneficios para el conjunto es una
"innovación" que no se transforma fácilmente en un commoditie, y de allí
que se pueden sostener ventajas competitivas. Las interacciones de los
factores son evidentes, la política, la tecnología y la sociedad en
definitiva, conforman la trama del problema. Corresponde entonces a
dirigentes, productores y profesionales dilucidar estos temas y contribuir
a generar los instrumentos que permitan afrontarlos (Botta, F. y
Tolchinsky,M.). En una apretada síntesis
producto de análisis conjunto entre productores y dirigentes en el seno
del Consejo del Centro Regional Santa Fe del INTA, en los cuadros
siguientes se identifican algunos factores que han facilitado la expansión
de la producción del cultivo de la soja y que en verdad han significado un
beneficio pero también generan algunos problemas, tanto para los
agricultores como para la sociedad. Cuadro 1. Causales más
importantes que han favorecido el proceso de monocultivo de
soja.
Cuadro 2. Ventajas de la
expansión del cultivo de soja.
Cuadro 3. Desventajas de la
expansión del cultivo de soja.
Cuadro 4. Posibles medidas
políticas y tecnológicas para equilibrar en el mediano/largo plazo la
utilización territorial del suelos y el ambiente en las regiones pampeana
y extrapampeana.
Los integrantes del Consejo
del Centro Regional Santa Fe concientes de sus responsabilidades como
integrantes de la conducción política del INTA en la provincia de Santa
Fe, sienten la necesidad de expresar mediante este documento ideas y
conceptos sustentados por productores, dirigentes y profesionales del
sector agropecuario respecto de la sostenibilidad social, económica y del
ambiente que nos contiene. Una mirada puesta en el
largo plazo aconseja la incorporación no sólo de innovaciones
técnico-productivas sino también de aquellas que lleven a la superación
gestionaria y organizacional del conjunto de actores de una cadena de
valor a fin de "construir" competitividad y beneficios para todos sus
integrantes. Las actuales circunstancias
exigen repensar muchas cosas, quizás la más importante de ellas el
compromiso serio y responsable con el progreso social, económico y
cultural de nuestra comunidad y el de las generaciones futuras, y para
ello es imprescindible una visión estratégica a construir con la
participación de todos los actores que componen nuestro sector
agropecuario. Rafaela,
5/03/2004 Bibliografías
citadas 1. Adamoli, J. "La
modernización agrícola", Diario Clarín. Suplemento Rural,
20/12/03. 2. Botta F. y Tolchinsky M.
La "sojificación" de la Argentina. Soja, Para mejorar la producción.
Informe Nº 21. INTA, EEA Oliveros. 3. Longoni, Matias, "Soja
una cosecha de millones" Diario Clarín Economía,
19/11/03. El Concejo del Centro
Regional Santa Fe del INTA está integrado por las siguientes
personas: Ing.Agr. José L. SPONTÓN -
Representante del Consejo Directivo del INTA.
(Presidente) Ing.Agr. Jorge UGOLINI -
Representante de Confederaciones Rurales Argentinas.
(VicePresidente) CPN Victor VIOTTI -
Representante de Confederación Intercooperativa Agropecuaria.
Lic. Eduardo GONZALEZ KEES -
Representante de Sociedad Rural Argentina. Ing.Agr. Ricardo PEROTTI -
Representante de Federación Agraria Argentina.
Señor Horacio CIANCIO -
Representante de AACREA. Señor Luis M. TANINO –
Representante del Gobierno de la Provincia de Santa Fe (Secretario de
Agr.icultura, Ganadería y RRNN del Ministerio de la Producción de Santa
Fe) Ing.Agr. Felipe TAVERNIER -
Representante de los Consejos Locales Asesores de las EEA Oliveros,
Rafaela y Reconquista. Med.Vet. Eduardo BARONI -
Representante de la Universidad Nacional del Litoral.
Ing.Agr. Hugo ALVAREZ -
Representante de la Universidad Nacional de Rosario.
Ing.Qco. Carlos MEINARDI -
Representante de la comunidad científica. (Investigador de la
UNL) Ing.Agr. Fernando LOPEZ ANIDO
- Representante de la comunidad científica. (Investigador de la
UNR) Ing.Agr. Daniel DAMEN -
Representante de los profesionales del Centro Regional Santa Fe del INTA.
Ing.Agr. Francisco P. MOSCONI
- Director del Centro Regional Santa Fe del INTA.
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Ceres, Reconquista, Tostado, San Javier, Las Toscas y
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